No se suponía que los androides y las androínas se descompusieran a esa edad, menos que presentaran desperfectos que afectaran su memoria reciente. Por eso a Kael, que se había casado con una hacía un año, se le hacía difícil comprender por qué Kharis, su mujer, llevaba dos días repitiendo textualmente a cada rato sus diálogos.