
A Fernando R. Diez
Sobre marmoleado
mármol blanco
en negro su merecido epitafio.
Cualidades galardonadas
entre dialipétalos de pálidos colores.
Un discurso fúnebre
como los de Pericles
narrados o inventados por Tucidides
esperando que entre los con dolientes
fuese acusado de insulso hollejo
por seres abstemios
para escupirles vidrios con esencia a cadáver.
Su vida transeúnte
y sus malditos sabores
sin taninos
sobre mis papilas gustativas.
El post-gusto,
de su balance, su cuerpo,
su aroma o su bouquet
todos los deseos ruines, viles y abyectos
que no quise evitar
mas dado a su muerte evité.
Sus cualidades organolépticas
que no puedo vivificar.
Su esencia me enfermó.
Me embriagó en un lejano frio de primavera
mas cuando la volví a tener
me fue arrebatada
y con descontento
ignoro su muerte.
Entre elegías, recuerdos y réquiem
ahogo el dolor de una severa polidipsia
que causó su esencia.