Trozos

Por la encendida calle antillana
te sufro en el abandono de cada ofrenda
y te invito al límite,
no sin antes celebrar
la sandunga sandunguera de tu piel.

La cólera de tu historia historieta
y la furia del caribe,
caribe invadido,
caribe cimarrón,
caribe puta,
sabroso caribe de cuerpos sudorosos
y fronteras de autoexilio.

Repica tus tambores con el aire que nos toca, revuélcanos las raíces
con el alboroto áspero y efímero de tu experiencia.

Enséñanos a ser uno en la distancia
de tus trozos esparcidos
y a la vez tan próximos,
escapa de tu destierro obstinado
de turistas manda-más.

Somos la insolación que calienta al mundo,
el mismo que nos vislumbra en taparrabos
ignorando lo que guardamos debajo de la telita,
del coco que refresca sus vacaciones,
del barro que adorna sus chimeneas,
del ron que enciende sus fiestas.

Somos la orilla adentrada,
el monte cautivo,
crías de Yemayá a la deriva
de un sueño sin fin.

Somos pequeñas Antillas dentro del     infinito,
comuna de arrecifes,
comuna incomunicada,
solidaridad desolada,
a no ser que nos azote un desastre.

Somos islas con egos de continentes,
con la fertilidad suficiente
para parir un revolú
mientras nos mojamos el pellejo
con una paja mental de lo que no somos
pero nos han hecho ser.