
Sí me preguntan, no recuerdo
mi niñez fue interrumpida.
Sólo sé lo que he visto entre fotos
lo que he sentido en mi vientre:
un miedo atroz a los 2 años y medio,
con unas ganas inmensas de vivir.
Desde ahí comenzaron mis pruebas
y los rezagos de mi independencia
-de 2 a 4 se logra nombrar el propio territorio-
y yo estaba entre salas de hospital y mi casa.
Las huellas físicas las lleva mi cuerpo fuerte,
otras las ha tenido que enfrentar mi alma adulta:
2 cicatrices en el cuello a causa del catéter
un hollito en el muslo derecho por las quimioterapias
un hollito en la mano derecha donde estaba puesto el suero.
Mi pie derecho tiene un lugar rojo en forma de pirámide
luego descubrí que las primeras tres letras de mi nombre
-nor-
significan: luz de dios;
es eso lo que fui
lo que me salvo.
(De las memorias inéditas, memorias de una niñez interrumpida)