La contraseña

LA CONTRASEÑA

Ella me tiende
la trampa. Me dice
cómo evadir
penumbras. Nunca
sabrá cuánto la querré
por enseñarme a redondear
la distancia entre
el mito y la sombra
macabra.

Ella. Ríe. Cuando.
(Tres distancias irreparables
se asoman,
a cambio de una contraseña)

Fue en algún
atardecer. Blanco. Blanquísimo.
Como toda esa palidez en mi rostro.

Ese aguacero de párpados.
Ese canto sin buena voz.
Esas pestañas
despiertas que soy.

Cuando nada me dicen las gavetas.
Cuando nada dicen.
Cuando nada.
Quiero decir
cuando todo me retumba.

Y dejo la bolsa de la basura añejarse
en la puerta,
para que con ella me lleven los ratones,
a la nieve.

Como en esas novelas
de Pynchon:
creo que no importa
mi nombre
para darme cuenta
de que algo se ha roto.