
Me levanté a las 7 de la mañana como de costumbre y seguí la rutina que por más de diez años he ejecutado. Me di una ducha, me lavé los dientes y me puse los lentes de contacto. Desayuné un waffle con fresas y leche de soya. Mientras desayunaba leí las noticias en los medios noticiosos en la internet. La noticia del día tal parece que sería la de una madre que fue encarcelada porque alegadamente había sido negligente con su hija. Se dice que la pobre bebe ha sufrido actos barbáricos que no me atrevo ni mencionar.
Una vez leí todos los medios noticiosos que acostumbro leer para empaparme de las cosas que pasan en mi alrededor ingresé a mi página en Facebook. Observaba los comentarios que a diario mis fanáticos escribían sobre mis novelas, en especial sobre la más reciente. Muchos de los comentarios eran muy positivos. Otros criticaban el uso de un léxico cruel y vulgar. Se quejaban de mi prosa usando un vocabulario colmado de palabras soeces, de amenazas bárbaras y el odio se palpaba desde la primera palabra en sus oraciones criminales. Algunos me cuestionaban sobre la osadía de haber escrito sobre lo divino y el mundo de las tinieblas. Cada mañana leo las buenas críticas y las no muy buenas pero como ya estoy tan acostumbrado solo respondo aquellos que me felicitan por mis obras literarias.
Cuando decidí escribir la novela “El infierno llamado Tierra” sabía que sería muy controversial pero nunca pensé en las consecuencias. Jamás me pasó por la mente que la gente fuese tan pasional sobre un tema que recoge un poco de verdad y mucha ficción. No he tenido miedo al presentar mis novelas aunque debo aceptar que esta en particular era diferente y entre mi agente literario, los editores y la casa publicadora me advirtieron sobre las consecuencias de lo que este libro podría provocar. Por más que me advirtieron no les hice caso porque yo soy un escritor terco y solo me importa compartir lo que pienso sin filtros que me prohíban expresar mis ideas.
Ya han pasado cinco días del lanzamiento de esta novela y las ventas del libro han sido exorbitantantes. La controversia que han creado en los medios de comunicación ha sido de gran ayuda para promover el libro al punto que personas que no frecuentan leer se han forzado a conocer sobre lo que escribí en la novela. El debate ha sido tema de discusión en los programas mañaneros, en los talk show de las 4 de la tarde. En fin, se esta hablando bien o mal de mi por todos lados.
Ayer comenzaron las amenazas de muerte a través de las redes sociales pero no me causó preocupación. Intenté salir de apartamento a comer Sushi pero en el momento en que me preparaba a cerrar la puerta el coronel de área de la policía se presentó en mi hogar para advertirme sobre la seriedad del caso. Me dijo que las amenazan han sido registrada en programas radiales e inclusive han llamado a los canales de televisión. Cuando culminó la conversación no tuve otro remedio que ingresar nuevamente a mi apartamento. No puede salir. Tuve que pedir una pizza.
Pasé la noche encerrado, encarcelado en mi propio mundo. Rodeado de mis libros favoritos y los cuadros que a través de los años he pintado bajo los efectos de Sauvignon Blanc. No pude ver televisión porque solo se hablaba de mí. Unos me defendían otros me criticaban. No puedo negar que al principio me agradaba la atención pero llegó el momento que me aborrecía escuchar sobre el tema. No tenía nada que hacer, estaba aburrido, ni siquiera podía usar mi teléfono porque lo habían descubierto y ya no era un número privado. Me vi obligado a apagar el celular y desconectar el teléfono del apartamento. Mi perfil de Facebook y Tweeter era una batalla entre los que me defendían y los que me odiaban. Por un momento pensé que era el fin de mi vida social. Me acosté a dormir pensando que viviría acuartelado por el resto de mi vida pero pronto descubrí que ese no era mi destino.
Al levantarme a las 7 de la mañana como de costumbre, seguí la rutina que por más de diez años he seguido. Me di una ducha, me lavé los dientes y me puse los lentes de contacto. Desayuné un waffle con fresas y leche de soya. Mientras desayunaba leí las noticias en los medios noticiosos en la internet. La noticia del día tal parece que sería la muerte de un famoso escritor. Lo hallaron descuartizado en su apartamento y dejaron una nota que leía “El mundo no tiene espacio para demonios como tú. Este mundo exige paz y respeto por la vida”. Al lado de la nota encontraron una pizza de pollo, brócoli y zetas.
Una vez leí todos los medios noticiosos que acostumbro leer para empaparme de las cosas que pasan en mi alrededor ingresé a mi página en Facebook. Observaba los comentarios que mis fanáticos escribían, despidiéndose de mí. Muchos de los comentarios eran muy tristes y pedían fortaleza para mi familia. Otros criticaban mi estilo de literatura, pero aun así expresaban sus condolencias con un léxico sublime y solemne. Leía las palabras de condolencias e intenté responder a cada una de ellas pero cada vez que ingresaba mis comentarios el mensaje no llegaba y descubrí que Facebook estaba fallando y el problema técnico ha persistido por tres semanas.