
EL OTRO DÍA NOS VOLVIMOS A IGNORAR
con indiferencia
como si nunca nos hubiéramos
hablado dragones torcidos al borde
de la cama y sus fogatas.
Desconfiar de mí me cansa más que salir
a la calle, que ir a la yoga, que hacer
el amor y llegar a morir en el intento.
Llevo tantos días encerrada
que el buzón abandonó a “Buenas noticias”
y mi bicicleta se ha olvidado de las flores
que prometí engancharle en el manubrio
todas las mañanas. La literatura
me ha podrido la vida que soñé de niña
y le ha hecho una casa sin ventanas,
la literatura me tiene de rehén mirando
hacia la casa, lamentándome.